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viernes, 20 de enero de 2017

Gastronomía Sefardí & Historia : "La Adafina"

 

La Adafina 

Plato por excelencia de la gastronomía de los judíos sefardíes.


El origen de este nombre no es del todo conocido , si bien la idea más aceptada es que proviene de la palabra hispano árabe "addafina", que a su vez proviene de otra del árabe clásico "dafinah"que significa "enterrado u oculto", haciendo alusión a la forma en que era cocinado , olvidado durante horas por la noche, además de otras connotaciones.
 
También se le dió otros nombre en Sefarad, como "trasnochado" ( por cocinarse por la noche), o "albondiguillas",por los que la adafina ya era conocida como la comida del Shabbat mucho antes del 1492.
Es una de las recetas por excelencia de la gastronomía sefardí , por como se prepara, de forma lenta y paciente, por cuando se come durante el Shabbat , por lo que a lo largo de la historia representó.
Hecha inicialmente con ingredientes kosher (aptos para ser consumido), como las legrumbes, verduras , carnes : cordero o aves y huevos, fué uno de los platos que evolucionó junto con la historia de los judíos conversos, "criptojudíos" ( judíos ocultos ) o marranos.
Bien porque los conversos obligados a serlo para esconder su condición de judíos secretos añadieron cerdo a este plato, o bien utilizado por los que buscaban delatar a los que judaizaban y les hacían comer a aquellos este plato con carne de cerdo, chorizos, morcillas, tocino añadidos para ponerles a prueba y ver si judaizaban, esta evolución histórica supuso que la Adafina, fuera el plato de origen o "madre" de tantos otros cocidos como hay hoy en España, empezando por el cocido madrileño, la escudella catalana o el puchero andaluz, entro otros muchos.
Es una claro ejemplo de cómo la gastronomía , y la historia se dan la mano reflejando la evolución de las sociedades y sus costumbres.
Además de ser un delicioso plato!

Fotos : Adafina preparada por IES Helopolis para la NOchada Sefardí de Be Sepharad-Legado Sefardí.

sábado, 19 de noviembre de 2016

La música para recuperar el Legado Judeoespañol

En Be Sepharad-Legado Sefardí, entendemos y apreciamos como la música hace que quienes acuden a nuestras actividades, además de aprender sobre la historia de nuestros antepasados judíos. sientan, aprecien  y disfruten con la dulzura y belleza de las canciones , que acompañadas por instrumentos adecuados, nos hacen evocar e irnos a otra época.


En los últimos meses hemos realizados conciertos en diferentes entornos, y nos gustaría compartir algunos de esos momentos. Por ejemplo en el Palacio de los Marqueses de la Algaba de Sevilla, durante las Jornadas Europeas de la Cultura Judía el pasado mes de Septiembre.


Canciónes sefardíes "Avrix mi Galanica", y la Serena ( si la Mar era de leche ) .
Interpretada por Pepa Rull, Daniel Parejo al laúd y acompañamiento, y Sergio Fernández al violín.
Evento de Be Sepharad-Legado Sefardí.

martes, 13 de septiembre de 2016

Los Cresques, una familia judía universal




Entre los siglos XIII y XV, la navegación experimentó un notable desarrollo por las innovaciones tecnológicas que se produjeron, como el perfeccionamiento de la brújula giroscópica y la redacción de portulanos y cartas náuticas. A mediados del siglo XIV, las cartas náuticas estaban más que presentes en las embarcaciones que navegaban por el mar Mediterráneo. La escuela cartográfica catalana destacó en este campo, ya que su producción, además de abastecer al mercado aragonés, se difundió por las principales ciudades marítimas del Mediterráneo, como Génova, Pisa, Nápoles, Sicilia y Alejandría. 


En esa producción cartográfica tuvo mucho que ver una familia de judíos de Mallorca. Auspiciado por los reyes de la Corona de Aragón, Cresques Abraham es el posible autor de la obra cartográfica en lengua catalana más importante de la Edad Media, el Atlas Catalán (1375). Su hijo Jadufa Cresques cogió el testigo de su padre, fallecido en 1387. Ni tan siquiera los pogromos de 1391 truncaron la carrera de Jadufa, quien se asoció con el genovés Franciscus Becha, famoso por la elaboración de cuatro mapamundis para un mercader florentino, y con el barcelonés Gabriel de Vallseca. Sin embargo, cuando la ola antijudía, iniciada en Sevilla unas semanas antes, alcanzó a los habitantes del call [barrio judío] de Mallorca, Jadufa Cresques se vio forzado a abrazar el cristianismo bajo el nombre de Jacme Riba.

En 2007, con motivo de la VIII Jornada de la Cultura Judía, el Ayuntamiento  de Palma, entre otros colectivos, inauguró una escultura dedicada a Jafuda Cresques, en cuyo pie hay una inscripción que dice: "Durante el siglo XIV, Cresques Abraham, su hijo Jafuda Cresques y los hombres de su taller, cartógrafos de renombre universal, trabajaron en este lugar del Call de la ciudad de Palma".


sábado, 30 de julio de 2016

Los judíos en el Reino de Valencia (siglos XIII-XV)

Hoy compartimos un artículo de nuestro compañero José Carlos López sobre los judíos en el Reino de Valencia durante los siglos bajomedievales. Esperamos que disfruten con su lectura y se animen a saber más sobre la huella judía de esta zona de Sefarad.



Portal de la Judería de Sagunto (Valencia)

viernes, 11 de marzo de 2016

La judería de Sevilla, una de las grandes huellas que quedan de Sefarad

La capital de Andalucía es una de las ciudades españolas que más rincones judíos conserva. Los restos de la época en la que España era más conocida como Sefarad siguen siendo lugares llenos de encanto y magia, y una de sus extensiones más notorias, la judería de Sevilla, una visita obligada para los turistas que visitan la capital hispalense.

Los populares Barrios sevillanos de Santa Cruz, San Bartolomé y Santa María la Blanca conservan una de las juderías más antiguas de España. Y es que, desde que los judíos llegaran a la ciudad allá por el siglo XIII, en los primeros años de la conquista cristiana, ocuparon un gran espacio dentro de ella, situándose concretamente al norte del Alcázar, algo muy habitual en las ciudades cristianas a las que llegaba el movimiento judío.

Poco después de su llegada, los judíos asentados en Sevilla crearon uno de los barrios más característicos de la ciudad por aquellos tiempos que tan lejanos quedan. Un lugar que quedó aislado en cierta medida de la ciudad a través de un muro que se unía a la muralla, a la vez que se unía a ella gracias a dos puertas.

Los judíos que habitaban la aljama tenían sus propias costumbres, jurisdicción, e incluso normas. Aunque, en este sentido, hay que señalar que a pesar de la importancia del barrio judío en la Edad Media, no todos los miembros de esta religión vivían allí. Así pues, aunque la mayor parte de los practicantes de la religión judía habitaran la aljama, otros muchos tenían sus negocios en punto diferentes de la ciudad y también vivían fuera del recinto de la judería, un claro ejemplo fue la construcción de sinagogas fuera del barrio judío. Tanto es así, que en el siglo XIV judíos y cristianos vivían prácticamente mezclados en la Sevilla medieval.

En el siglo XVI uno de los barrios más emblemáticos de la antigua Híspalis fue destruido y convertido en huertos por los cristianos, aunque aún en la actualidad se siguen conservando vestigios de una de las culturas que más presentes han estado en la historia de España y que echó raíces en Sevilla. Un hecho que ha llevado a la capital andaluza a convertirse en una de las ciudades más ricas en el patrimonio cultural judío.

Plazas, casas, sinagogas y restos que reflejan las costumbres funerarias de los antiguos judíos del Medievo son actualmente una de las visitas más demandadas y obligadas para aquellos turistas que visitan Sevilla. Algunos de los ejemplos más importantes los encontramos en los Palacios de Mañara, Altamira o Céspedes, todos ellos concentrados en los Barrios de Santa Cruz, Santa María la Blanca y San Bartolomé, y componiendo un enclave sefardí más que valioso y amplio, que en la actualidad han pasado a pertenecer a familias importantes de la capital.

Otras herencias judías valiosas serían los espacios religiosos, que más tarde pasaron a manos de la Iglesia Católica, pero donde se edificaron sinagogas como las de Santa María la Blanca, Santa Cruz o San Bartolomé. Aunque siguiendo con las huellas del barrio judío, hay que destacar uno de los aspectos más característicos que identifican a Sevilla, el muro que separaba el barrio judío del resto de la ciudad y las extintas puertas por las que se accedía. De la judería la ciudad heredó las puertas de la Carne, San Nicolás y Mesón del Moro, la primera de ellas la más famosa y que se situaba a la altura de la calle de Santa María la Blanca.

A lo largo de la historia muchas han sido las modificaciones sufridas por las edificaciones y los lugares que un día pertenecieron a los judíos que habitaban la antigua Sevilla. De ellos se ha heredado no sólo monumentos, sino también costumbres y un gran bagaje cultural, donde se pueden destacar aspectos curiosos como el de los refranes que proceden de aquella época.

Está claro que Sevilla cuenta con uno de los patrimonios artísticos más admirados y ricos. Si de los recuerdos judíos que quedan en ella se trata, la convierten en una de las ciudades más importantes de España, ya que la judería de Sevilla fue durante mucho tiempo uno de los centros judíos más importantes de la antigua Sefarad.


martes, 23 de febrero de 2016

El Palacio de Altamira y su importancia en la judería sevillana



La antigua Sefarad encontraba en la judería sevillana una parte fundamental de sí misma. Las huellas de esta cultura, una de las más relevantes que hayan pasado por la capital hispalense, tenían una de sus mayores expresiones en el hoy Palacio de Altamira y su calle San José.
Un año fundamental para entender cómo se asentó la cultura judía en Sevilla es 1248. En esta fecha, Fernando III de Castilla conquista la ciudad y trae de otras ciudades, como Toledo, población judía, a la que considera muy adecuada por su espíritu laborioso y emprendedor,  además de para repoblar y ayudar a rehacer la ciudad después de la guerra a la que consecuentemente fue sometida la Sevilla musulmana.

Le proporciona a los judíos una zona de la ciudad para que se establezcan, así como la cesión de tres de las mezquitas entonces existentes, para que la transformen en sinagogas. En una de estas zonas se sitúa se sitúa la céntrica calle San José.

La judería sevillana, la “última” de la que se tiene algo más de conocimiento y una de las más trascendentes de la antigua Sefarad. En los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé, Sevilla se encontraba amurallada y contaba con puertas tan significantes para la historia de la ciudad como la de la Carne, entonces llamada por los árabes Bab Al Yahuar (Puerta de las Perlas), o también conocida como Puerta de Minjoar, nombre de una importante familia judía que residía por la zona.

Si algún edificio  hay que destacar de los lugares colindantes a la Calle San José, es el Palacio de Altamira, situado en la Calle Santa María la Blanca y uno de los monumentos que más recuerdos sigue conservando de los judeo-españoles en Sevilla
Sabemos por las investigaciones arqueológicas, que en el solar que hoy ocupa el Palacio de Altamira existió en época almohade, a través del hallazgo de una construcción que se identifica como una vivienda. De su entorno se conoce una mezquita, unos baños y un pequeño zoco, lo que indica que a su alrededor se desarrollaba una intensa vida urbana.

Poco después, una vez expulsados los vencidos almohades, la zona pasa a ser la Aljama o barrio judío, participando también sus habitantes de forma intensa en la vida comercial y económica de la ciudad, así como en las necesidades del Reino de Castilla. Como  muestra de ello sabemos que el cargo de Contador Mayor y Almojarife (tesorero) del reino, estuvo en manos de personajes judíos de gran relevancia, como D. Yucaf Pichón (cuya historia queda íntimamente ligada a los sucesos de 1391), que habitaron las ricas casas halladas en este solar. El asalto a la judería del 6 de Junio de 1391, propició que estos terrenos pasaran a manos del Justicia Mayor de Castilla, Don Diego López de Estúñiga, que levantó sobre ellos el edificio que existe en la actualidad tras haber sido rehabilitado.


Durante los trabajos de rehabilitación e investigación, han aparecido elementos arquitectónicos como restos de artesonados, columnas, capiteles, etc. Restos que datan de entre los siglos XIV  al XVII y que nos hablan de la riqueza del trabajo de madera dentro del arte mudéjar sevillano en artesonados, entre los que se encuentran los que conforman la más variada y extensa colección conocida de elementos de carpintería medieval, no superada por ningún museo de Europa. Así pues, podemos destacar las grandes járcenas talladas con epigrafía coránica, del siglo XIII, y que son, por sus características, únicas en el mundo.

Este edificio hoy también atesora restos de frisos de yesería policromada, pinturas murales, alicatados del pavimento, zócalos, umbrales y fuentes. Algunos de estos restos son producto de las excavaciones de las viviendas judías de tiempos del Rey Don Pedro I (siglo XIV) y otras procedentes del gran edificio mudéjar que sobre ellas edificó el Justicia Mayor de Castilla después del 1391, quién mandó construir el actual Palacio de Altamira, teniendo como referencia la importante imagen que proyectaba en la ciudad los Reales Alcázares. Desde estos primeros momentos, este importante palacio situado en la zona judía tenía dos partes diferenciadas, una pública y otra privada, cada una con sus respectivos patios. Una muestra más de su afán por parecerse a los Reales Alcázares.
Son estos patios lo que siempre llamó la atención del Palacio de Altamira. En el conocido como patio menor sobresalían los fustes y capiteles que enlazaban tres épocas importantes para la capital hispalense: romana, califal y almohade. Además, también se podían encontrar restos mudéjares como alicatados o yeserías.

Junto a este patio se encontraban la Qubba o Salón del Trono, un ejemplo de las diferentes estancias públicas situadas en el recinto. Además, hay que añadir que la segunda planta del palacio no se construye hasta el siglo XVII y fue fruto de la necesidad de crear un salón oratorio. Lugar junto al cual se situaban los aposentos del Duque, que a su vez tenía vistas hacia los grandes jardines y huertas con los que contaba el palacio, y que hoy forman parte del recuerdo, aunque sí que se conservan algunos restos expuestos en el museo y que fueron encontrados tras las excavaciones arqueológicas que se realizaron.

Este importante palacio judío, que desde el 8 de noviembre de 1990 es reconocido como Patrimonio Histórico de España, estuvo sometido a una rigurosa labor de restauración y rehabilitación durante la última década del pasado siglo XX, y en la actualidad aloja a la sede central de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

La Calle San José y el Palacio de Altamira se convierten así en partes fundamentales de la que fuera una de las juderías más relevantes de Sefarad, y una muestra más de que las huellas que dejó la cultura judía en Sevilla están lejos de borrarse.

www.besepharad.net