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lunes, 4 de julio de 2016

En memoria de Elie Wiesel

El día 2 de julio nos dejó Elie Wiesel, escritor húngaro de nacionalidad rumana, superviviente del Holocausto Nazi. Su obra literaria tuvo como fin dar a conocer los horrores del genocidio y concienciar a la sociedad para evitar en el futuro similares acontecimientos. 



En 1992, Elie Wiesel estuvo en Sevilla en la inauguración del Monumento a la Tolerancia del escultor Eduardo Chillida, que conmemoraba el 500 aniversario del edicto de expulsión de los judíos de España decretado por los Reyes Católicos y homenajeaba a la convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes.





El escritor húngaro, y Premio Nobel de la Paz en 1986, dedicó las siguientes palabras a Sevilla, constituyendo un llamamiento a la tolerancia:

Deteneos, hombres y mujeres que pasáis. Deteneos y escuchad. Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa, la de su memoria, que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y antigua. La humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza.

Aquí como en otros sitios, se amaba y se odiaba por razones oscuras y sin razón alguna. Se hacían rogativas por el sol y por la lluvia. Se interpretaba la vida dando muerte, se creía ser fuerte por perseguir a los débiles, se afirmaba el honor de Dios, pero también la deshonra de los hombres.

Aquí como en otros sitios, la tolerancia se impone, y lo sabéis bien vosotros, hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla. Sabéis bien que, cara al destino que os es común, nada os separa. Puesto que Dios es Dios, todos sois sus hijos.

A sus ojos, todos los seres valen lo mismo. La verdad que invocan no es válida si a todos no los convierten en soberanos. Ciertamente toda la vida termina en la noche, pero iluminarla es vuestra misión.

Por la tolerancia.




miércoles, 23 de marzo de 2016

Fiesta de Purim


La fiesta de Purim, en hebreo "Suertes", se celebra el 14 del mes de Adar en conmemoración del milagro que recoge el Libro de Ester, en el que el pueblo judío sobrevivió al intento de aniquilación del rey persa Asuero, hacia el siglo V a. C.
En la víspera de esta festividad (que sería hoy) se ayuna (Ayuno Menor), al igual que los judíos persas durante estos difíciles avatares. Durante la celebración de Purim se lee el Libro de Ester y se celebra un gran banquete, donde se canta y se toma vino. Además, Purim implica la práctica de la caridad, tal y como prescribe el Libro de Ester.


En estos momentos en los que la persecución, el exilio y la guerra azotan a personas inocentes en distintas partes del mundo, conviene entender el significado de este tipo de conmemoraciones y celebrar la salvación.
¡Feliz Purim!


23/03/2016

domingo, 20 de marzo de 2016

La antigua sinagoga de Sevilla: entregada de nuevo al olvido de los tiempos


Un viajante inglés que recorría nuestro país y recaló en Sevilla, al pasar por la judería observando el casi inexistente legado material de la gran e importante comunidad judía que aquí existió, decidió entrar en la actual iglesia de Santa María la Blanca, situada en la antigua judería y escribió lo siguiente:

"El sol brillaba en los ventanales, sobre los pilares y hacia la parte superior derecha de la iglesia miré hacia  arriba, y se me reveló la imagen de unos huecos tapados hechos de ladrillo,  en  forma de arcos mudéjares que no habían sido revocados, y que contrastaba dramáticamente con el resto de la unidad de diseño de la iglesia". Eran la única parte visible  de la estructura de la sinagoga medieval que aún existe oculta bajo los trabajos de yesería barroca, realizados en siglos posteriores.

Para mí se convirtió en un símbolo de los miles de judíos que habían sido obligados a convertirse y que lograron mantener ocultas algunas de las creencias y rituales del judaísmo, a sus vecinos y a la Inquisición, hasta el momento en que pudieron  (y muchos lo hicieron) escapar de España y unirse a la comunidad judía, o hasta el momento la Inquisición tocó a sus puertas y comenzó el terrible proceso de interrogatorio, sentencia y muerte siendo muchos de ellos quemados en la hoguera por  parecer o actuar como "judaizantes". La Inquisición también mandó quemar libros, especialmente el Talmud, en sus  últimos años, según se extendía por toda Europa.

El filósofo Baruk Spinoza fue uno de los  descendiente  de estos refugiados de España, en centro Europa. Cada vez más estudiosos creen que fue el primer filósofo que defendió el laicismo, y así para los españoles que desde la conquista napoleónica se distanciaron de la Iglesia y lucharon para construir un estado liberal dentro de lo que fue un estado absolutista y en el que la Iglesia tenía un poder inmenso, fue y sigue siendo su Libertador.

Fue Spinoza uno de los pensadores descendientes de judíos conversos que tuvieron que huir de nuestro país, sin los que sería posible la libertad de prensa o editorial en España, no siendo ésta ya una víctima de  la Inquisición española.

Es curioso que muchos  españoles que leen las páginas  de los más de cincuenta  periódicos de muy diversa índole e ideología que pueden ser adquiridos en los quioscos de las calles  cercanas a la iglesia no son conscientes de ésto.

 

Pues bien, si éste viajero volviera hoy a Sevilla y visitara de nuevo  esta misma iglesia de Santa María la Blanca, ya no verá ni siquiera esos arcos de la antes sinagoga, esa última prueba visible de que ésta, a pesar del esfuerzo de tantos siglos por destruir todo vestigio de la historia y la cultura judía en Sevilla y en Sefarad, sigue ahí.



Aunque ya ha vuelto a ser ocultada, ya no es visible, ya ha sido callado su exiguo pero importantísimo testimonio, prueba única en Sevilla de lo que fuimos, de lo que existió como parte de nuestra historia, de nuestro legado: una gran e importantísima judería, de la que salieron grandes filósofos, médicos, astrónomos, poetas, músicos, artesanos, cambistas, libreros y un largo etc.


Nadie más lejos de merecer nuestro olvido, nuestro repudio y nuestra ingratitud que todos estos antepasados, que con independencia de su religión, fueron sevillanos, españoles como los que más, y no merecen su ocultación a los ojos de la historia y a los nuestros, como de nuevo han sido ocultados, ignorados, y repudiados los vestigios aún existentes de la que fue una de las sinagogas más importantes de Sevilla y de la Sefarad de aquellos tiempos.

¿Qué dirá nuestro amigo visitante, cuando compruebe en su  próxima visita que ya ni esa pequeña muestra o símbolo de todo lo que se ocultó y persiguió está visible y de nuevo el símbolo fue tapado, ahogado? ¿Qué diría Baruch Spainoza, si comprobara que en pleno siglo XXI, aún no existe la libertad de reconocer y hacer público el hecho de que en lo que hoy es una iglesia cristiana, en su tiempo se situó una sinagoga judía y antes una mezquita musulmana?

Es imperativo que alguna vez empecemos a tratar nuestro pasado y nuestro legado material e inmaterial con el respeto y la dignidad que merecen.

www.besepharad.net 

martes, 23 de febrero de 2016

Por la calle Verde de la Judería de Sevilla: Los sucesos 1391

¡Ay, esta calle! ¡Tan llena de vida! Ahora, con sus helechos verdes, su luz tamizada, el color salmón y blanco de sus casas, sus patios..., ¡cuánta vida y belleza! En contraposición a tanta muerte y horror en una sola noche, 6 de Junio de 1391...




Paseando por esta calle se me viene a la memoria lo que dicen de ella, que fue una de las principales testigos de tan terribles hechos: 4000 almas o más apagadas en una sola noche, el 90% de la Judería de Sevilla, la más grande y floreciente de la época, hecha desaparecer...

¿Causantes?
Algunas otras almas del pueblo llano, que no conocían  la luz, vencidas por la oscuridad, y envenenadas por un representante de la Iglesia, que más parecía representante del demonio, Ferrán Martínez, Arcediano de Écija y Canónigo de la Catedral de Sevilla.


Durante nada menos que 15 años estuvo este individuo acosando, injuriando y vilipendiando a los judíos, hasta que la noche del 6 de Junio de 1391, después de una encendida y cruel arenga, habiendo muerto tanto el Rey como el Arzobispo, incendió el ánimo de una  parte del pueblo que acabó  asaltando la Judería, atacando con sus habitantes, y destruyendo y saqueando cuanto encontraron a su paso.



¿Culpables?
No fue el Rey ni el Arzobispo, los cuales, trataron de detener y parar a este vil personaje. Además del Arcediano, hubo otros factores que soliviantaron los ánimos del pueblo: la peste que estaba diezmando la población, el hambre, la codicia, la envidia, la superstición, la ignorancia, la sed de venganza, la intolerancia y el vacío de poder...


Aprendamos de este triste capítulo de la historia de Sevilla, y rindamos homenaje a tantas almas inocentes que perecieron cruelmente en esa noche, reconociendo todo lo bueno, que hubo y mucho, de herencia y legado de nuestros judíos en esta querida Sevilla... paseando por la calle Verde, y por la Judería, hoy, disfrutando de su Vida, su Belleza, su Paz , su Historia y su Quietud...


sábado, 13 de febrero de 2016

¿Sabías qué?

La Giralda

La más notable empresa arquitectónica del siglo XII, hecha por los musulmanes fue nada más y nada menos que  una gran mezquita en la ciudad de Sevilla, por Jacub Almansur, el Muwahida.
Un historiador arábigo refiere: “en el año de 593 (1196-97 de Cristo) volvió a Sevilla el príncipe de los creyentes, y terminó allí la construcción de la mezquita, y del alminar, cuyos cimientos había echado tres años antes, adornando la cima del alminar, con muy hermosas bolas, en formas de frutos”.

De la magnitud de estas bolas se tiene idea con decir que la de tamaño mediano no pudo entrar por la puerta del Muezin hasta que se ensanchó la parte inferior de dicha puerta, arrancando algunas piedras y quitando el mármol de la misma. Estas bolas fueron mandadas fabricar por Yusuf Yacub Al Mansur, tras su victoria en la batalla de Alarcos frente al rey Alfonso VIII de Castilla, que fue clamorosamente derrotado.

El artista que fabricó estas bolas, empleando en el dorado 7000 mizcales grandes jacobíes, y las elevó y colocó en su sitio fue Abu Leis “el Siciliano”. El dorarlas costó cien mil dineros de oro. Estas fueron colocadas con gran júbilo popular el 10 de Marzo de 1198. Eran tan relucientes que semejaban las estrellas del Zodiaco, según expresión de Ibn Sahib al-Salá, contemporáneo de este acontecimiento. En consonancia con esto habla Makkari del alminar de Sevilla, que contruyó Jacub Almansur, y dice que en todo el Islam no había otro que le sobrepasase en altura y magnificencia.
Las Crónicas del rey D. Fernando describen el alminar tal como lo encontró el conquistador. La torre, dice, “es por muy sutil y maravillosa arte labrada. Tiene en anchura sesenta brazas, e doscientas e cuarenta en altura. Tiene otra gran excelencia, que tiene la escalera por dónde suben a ella muy ancha, e tan llana e tan compasada, que todos los reyes e reinas y grandes señores que a ella quieren subir a mula o a caballo, pueden muy bien subir hasta encima. E encima de la torre está otra que tiene 8 brazas en alto, hecha por maravillosa arte, e encima de ellas están cuatro manzanas, una sobre la otra, tan grandes y de tan grande obra e hermosura que no creo que hallen otras tales en todo el mundo”.


“La que está sobre todas es la menor. Y luego la segunda es la mayor y la tercera es la muy mayor. De la cuarta, no se puede decir su grandeza ni su extraña obra, que es cosa increíble a quién no la vido. Esta es labrada por muy gentil arte,  tiene doce canales, cada una de ellas de cinco palmos de ancho, y cuando la metieron en la ciudad no pudo caber por la puerta, y fue menester que quitasen la puerta y ensanchasen la entrada para metella. Cuando el sol da en estas manzanas, resplandecen tanto que se ven de más lejos que una jornada”.

No cabe duda de que los cristianos se enamoraron de aquella esbelta torre, y en las capitulaciones de Sevilla en  1248, se mandaba respetar y no tocar ni la torre ni la mezquita mayor. Cuenta la tradición que el infante don Alfonso, futuro Rey Sabio, respondió “que por un solo ladrillo que quitasen de la torre, los pasaría a todos a cuchillo”.

Este alminar se conserva hoy y es la célebre Giralda, cuya parte inferior corresponde al alminar sin modificación, si bien la parte superior, ahora es una torre campanario que sustituyó a estas maravillosas bolas doradas, las cuales se cayeron en el terremoto de la ciudad de 1356, festividad de San Bartolomé, bajo el reinado del rey Pedro I, que dejó en su testamento tres mil doblas de oro castellano para la reparación de la torre.

Se formó primero un modesto campanario, en el año 1400 se colocó el primer reloj en España, pero no es hasta la segunda mitad del siglo XVI que Hernán Ruiz, transforma  la torre, dándole su actual forma con un cuerpo de campanas y el Giraldillo como corona.

Este fue también el alminar que se encuentran todos aquellos judíos que llamados por Fernando III, acuden a Sevilla a repoblarla y ayudar a su reconstrucción como ciudad después de las guerras, entre árabes y cristianos, y posterior expulsión de los Almohades por este rey. Anteriormente, durante época almohade, la comunidad judía habría sido forzada al exilio.

Hoy la podemos disfrutar en su posterior forma, todos los ciudadanos y los visitantes que vienen a Sevilla, y aún hoy quedamos y quedan maravillados por ella.

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