El día 2 de julio nos dejó Elie Wiesel, escritor húngaro de nacionalidad rumana, superviviente del Holocausto Nazi. Su obra literaria tuvo como fin dar a conocer los horrores del genocidio y concienciar a la sociedad para evitar en el futuro similares acontecimientos.
En 1992, Elie Wiesel estuvo en Sevilla en la inauguración del Monumento a la Tolerancia del escultor Eduardo Chillida, que conmemoraba el 500 aniversario del edicto de expulsión de los judíos de España decretado por los Reyes Católicos y homenajeaba a la convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes.
El escritor húngaro, y Premio Nobel de la Paz en 1986, dedicó las siguientes palabras a Sevilla, constituyendo un llamamiento a la tolerancia:
Deteneos, hombres y mujeres que pasáis. Deteneos y
escuchad. Escuchad la voz de Sevilla, voz herida y melodiosa, la de su memoria,
que es también la vuestra, es judía y cristiana, musulmana y laica, joven y
antigua. La humanidad entera en sus sobresaltos de luz y sombras, se recoge en
esa voz para extraer del pasado fundamentos de esperanza.
Aquí como en otros sitios, se amaba y se odiaba por
razones oscuras y sin razón alguna. Se hacían rogativas por el sol y por la
lluvia. Se interpretaba la vida dando muerte, se creía ser fuerte por perseguir
a los débiles, se afirmaba el honor de Dios, pero también la deshonra de los
hombres.
Aquí como en otros sitios, la tolerancia se impone,
y lo sabéis bien vosotros, hombres y mujeres que escucháis esta voz de Sevilla.
Sabéis bien que, cara al destino que os es común, nada os separa. Puesto que
Dios es Dios, todos sois sus hijos.
A sus ojos, todos los seres valen lo mismo. La
verdad que invocan no es válida si a todos no los convierten en soberanos.
Ciertamente toda la vida termina en la noche, pero iluminarla es vuestra
misión.
Por la tolerancia.

